Del positivismo a la Historia cultural: un balance

Publicado: 7 octubre, 2010 en Uncategorized

Clío, musa griega de la Historia

El positivismo se plantea la búsqueda de una verdad total, es decir, la objetividad utilizando las fuentes como documentos que explican las afirmaciones que se hacen. Los historiadores se concentran en verificar la veracidad de los datos, los hechos y la objetividad, más que por una interpretación imaginativa e ingeniosa.

El positivismo dominó gran parte de Europa durante el siglo XIX y permaneció vigente como corriente hegemónica hasta antes de 1968. Durante ese tiempo, ya otras corrientes habían ofrecido nuevos enfoques y nuevas maneras de concebir a las fuentes históricas: como el vestido, la pintura, la historia oral, el discurso, el humor, el rumor, las fiestas y el inconsciente.

Por su parte, el materíalismo histórico, basado en la dialéctica, pretende ser una concepción científica, es decir, crítica y objetiva de la realidad histórico-social, que entrelaza objetivos prácticos. Su principal difusor (el filósofo Karl Marx) pretendía que la historia fuera una ciencia sintética y totalizadora de la realidad social, capaz de expresar objetivamente el carácter del movimiento de lo real, ya sea en el plano de la naturaleza o de lo humano.

Otra perspectiva de estudio en Historia se conoce como la Escuela de los Annales. Ésta nació en Francia con la revista Annales de Histoire Économique et Sociale fundada en 1929 por Marc Bloch y Lucien Febvre. La Escuela reunió a un grupo de historiadores que, rechazando la historia tradicional basada en los acontecimientos puntuales, prefería la idea de larga duración, es decir, entendía que los procesos históricos tienen distintas temporalidades, pero que incorporaba todas las variantes posibles, instituciones, análisis económico, social, religioso, geografía, lingüística en el imperativo de una historia total.

Además de la Escuela de los Annales, existen otras tres corrientes de origen marxista. La primera es la Escuela de Francfort, cuya tesis central afirma que el progreso no debe ser concebido de una manera lineal e intenta explicar la modernidad desde un contexto específico.

La segunda es la historia socialista británica, cuyo gran aporte es para muchos, el intento por construir una historia de abajo hacia arriba, pretende ver a la historia desde el punto de vista de las clases populares y no de los grupos dominantes.

El tercero es la microhistoria italiana, aún poco conocida en Latinoamérica, constituye lo que sus epígonos llamarían el procedimiento microhistórico, por ejemplo, al analizar el fuerte proceso de centralización política que vivió Italia en el siglo XVII, los microhistoriadores intentarían determinar cómo los habitantes de una pequefia aldea del Piamonte italiano vivieron ese proceso y revisarían incluso si realmente éste existió, qué resistencia enfrentaba y cómo era percibido por la población; esto es trabajar en un microuniverso tomado como laboratorio de esta gran tesis historiográfica global, para luego volver al nivel general y matizarla, corregirla.

También el siglo XX incorporó el estructuralismo que incluía una concepción global en el campo de las ciencias sociales, no de orden ideológico, sino teórico.
Con información tomada de: http://www.accessmylibrary.com/article-1G1-109220190/del-positivismo-la-historia.html

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